Nota sobre "El día de la propiedad intelectual"
Les dejo una nota que salio en el diario "La Nacion" y esta escrita por Federico Heinz y Beatriz Busaniche
Fundación Vía Libre (http://www.vialibre.org.ar )
La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) es un
organismo de Naciones Unidas, fundado con el deseo de "promover en todo
el mundo la protección de la propiedad intelectual a fin de estimular la
actividad creadora". Ejerce esta función administrando una veintena de
tratados internacionales que comprometen a los países miembros a
otorgar, por ley, monopolios limitados sobre bienes intangibles como las
marcas, las invenciones, las obras artísticas y otros. El 26 de abril de
cada año, OMPI invita a sus miembros a celebrar el Día de la Propiedad
Intelectual, alentando a reflexionar sobre los beneficios de respetar
estos monopolios sin los cuales, nos advierten, no serían posibles la
obras artísticas ni el progreso tecnológico.
Varias organizaciones en todo el mundo acompañan a OMPI en este mensaje.
Cada vez que nos tiene acorralados en un cine, la industria
cinematográfica de los Estados Unidos pretende convencernos de que bajar
películas de Internet es de alguna manera parecido a robar una cartera.
Por su parte, las discográficas acuden a métodos más contundentes,
organizando redadas virtuales para identificar y demandar a personas que
comparten música por Internet. En Europa, el lobby de las gestoras
colectivas de derecho de autor logró que se prohíba el préstamo gratuito
de libros en bibliotecas. En la Argentina, las vernáculas SADAIC, CAPIF
y ARGENTORES buscan maneras de emular a sus hermanas del primer mundo.
*¿Por qué un Día de la Propiedad Intelectual?*
OMPI demoró más de treinta años en sentir la necesidad de un Día de la
Propiedad Intelectual. Durante todo ese tiempo, el público en general
pudo ser felizmente ignorante de sus tratados: era muy raro que un
individuo se tropezara con alguno de sus monopolios, porque éstos
actuaban esencialmente como mecanismos de regulación industrial. Los
juicios por violación de copyright tenían lugar entre editoriales o
discográficas, que eran las que podían acceder a la costosa
infraestructura necesaria para copiar y distribuir obras, y los procesos
por violación de patentes se daban sólo entre complejos industriales.
Para el 2000, sin embargo, un número creciente de personas ignoraba
deliberadamente el monopolio de copia o copyright. Personas honestas
que, como bien diagnostica Hollywood, jamás robarían una cartera,
compartían música y películas sin el menor remordimiento. La razón de
este cambio es evidente: pasamos de un contexto en el que la producción
y distribución de obras sólo era posible dentro de un marco industrial,
a uno en el que la humanidad está empeñada en construir la máquina de
copiar más portentosa de la historia, una copiadora universal de escala
planetaria que ya está al alcance de millones de personas: Internet.
En realidad, el fenómeno de la distribución de copias a través de
Internet apenas es el síntoma más visible de que el edificio construido
por OMPI está colapsando bajo su propio peso. No sólo se trata de gente
haciendo cosas que antes no hacía: OMPI está empeñada en ampliar la
cantidad y los alcances de los monopolios, de modo que muchas cosas que
siempre hicimos se volvieron ilegales de la noche a la mañana. En
algunos países, disciplinas tradicionalmente libres de patentes, tales
como la genética, los modelos de negocios, los algoritmos de
computadoras y la agricultura están hoy loteadas en parcelas monopólicas
defendidas agresivamente por sus "propietarios". Actividades como
sembrar ciertas semillas, usar ciertos algoritmos, prestar libros o
compartir una canción, aparecen hoy bajo el rótulo de "delitos".
Aceptar la invitación de OMPI a reflexionar sobre el impacto de la
"propiedad intelectual" en nuestra vida cotidiana requiere que contemos
muchas historias. Historias muy diferentes que dan cuenta de una etapa
en la que se disputa algo muy importante: el futuro del conocimiento en
el siglo XXI.
*La Naturaleza como infractora de patentes*
Comencemos por la la historia de Percy Schmeiser , un campesino
canadiense especializado en el cultivo de canola, una oleaginosa
originaria de su país. Durante 40 años, Percy ha guardado parte de la
cosecha de un año para sembrarla al año siguiente, tal como vienen
haciéndolo incontables campesinos desde la prehistoria, tal como lo
hacen hoy 1400 millones de ellos en todo el planeta. Un día, algunos
ejecutivos de Monsanto (no sabemos sus nombres) detectaron que en el
campo de Percy crecían plantas que tenían el gen "roundup-ready", del
que Monsanto ostenta la patente y, por lo tanto, el monopolio mundial de
producción. Percy no había comprado semillas a Monsanto: la naturaleza,
ignorante como es del derecho de patentes, se había encargado de que las
plantas de Percy se contaminara con los genes patentados de las que
crecían en un campo cercano, propiedad de Monsanto.
No hay nada más aberrante para un monopolio que la competencia, de modo
que la próxima acción de los ejecutivos de Monsanto debe haberles
parecido perfectamente lógica: exigir a Percy que destruya su cosecha, y
los indemnice por violación de patente. No sería inusual la historia
hasta aquí: al fin y al cabo, el mundo está lleno de demandas judiciales
absurdas. Lo increíble del caso es que Percy fue declarado culpable, y
sólo pudo evitar una multa de 400.000 dólares luego de llevar el caso
hasta la Corte Suprema, que lo eximió de ella, pero no alteró el
veredicto.
*El precio de la vida*
Otra historia interesante con actores anónimos es la de los funcionarios
de salud de la India (un país en el que el 86% de la población vive con
menos de 2 dólares al día) que decidieron autorizar la producción de
Glivec para tratar a más de 20.000 indios enfermos de cáncer, a un costo
aproximado de 150 euros por mes por paciente. Nuevamente esta historia
se cruza con la de una empresa, esta vez de la suiza Novartis, que
ostenta una patente sobre el medicamento y lo vende a unos 2.000 euros
mensuales: sus ejecutivos decidieron enfrentar legalmente al gobierno de
la India para impedir la comercialización del genérico.
Como es común en el teatro del absurdo, ésta es una historia de actos
repetidos, ya que lo mismo pasó cuando los gobiernos de Tailandia y
Brasil decidieron licenciar compulsivamente las patentes de la empresa
Merck sobre el retroviral Efavirenz para enfrentar la emergencia
nacional del VIH. Estas licencias compulsivas están previstas en los
tratados de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y en la
Declaración de Doha sobre Propiedad Intelectual y Salud Pública, lo que
no disuadió a Merck de denunciar la "expropiación de sus derechos de
propiedad intelectual".
*La biblioteca: redil de piratas*
Desde el Imperio Romano, el rol de las bibliotecas públicas ha sido el
de coleccionar y catalogar libros para ponerlos a disposición del
público en general. Sin embargo, las editoriales europeas han decidido
extender el derecho de autor por su propia mano, agregando al familiar
"prohibida su reproducción total o parcial" una nueva cláusula:
"prohibido el préstamo público". La lógica esgrimida es que, si bien la
biblioteca pagó por el libro, la editorial pierde una venta por cada vez
que el libro es prestado, y las editoriales no están satisfechas con
cobrar por cada libro: quieren cobrar por cada lector . Esta es una
historia protagonizada también por contadores de historias, como
Almudenas Grandes, José Saramago y muchos otros, quienes han salido a
abrazar bibliotecas públicas para defender su rol social y su
contribución a la difusión de la cultura.
Esta historia nos remite a la más reciente visita que la policía realizó
al domicilio del Profesor de Filosofía de la Universidad de Lanús,
Horacio Potel. "Usted sabrá en qué anda, profesor" le dijo el oficial,
tras corroborar el domicilio del docente acusado penalmente por
violación de derechos de autor por la Cámara Argentina del Libro. El
objeto de la discordia es un trabajo que Potel viene realizando sin
fines de lucro desde hace casi diez años: publicar en la red una
colección de obras, traducciones, entrevistas y fotografías de
Nietzsche, Heidegger y Derrida, colaborando así de manera importante a
la difusión de estos filósofos en el mundo hispanoparlante. Muchos de
los materiales que Potel reproduce y pone al alcance de cientos de miles
de personas son prácticamente imposibles de conseguir en América latina,
un mercado que la editora francesa que detenta los derechos no considera
comercialmente atractivo.
*El techo de cristal de la fama*
No podemos olvidarnos de la historia de músicos como León Gieco, quien
vive decentemente de las regalías de sus grabaciones fonográficas y sólo
le pide a Dios que la gente no copie sus canciones sin pagarlas. León es
uno de los músicos famosos que dicen, junto con CAPIF, que con cada
canción que se copia desaparece un músico e impulsa medidas tales como
el "Canon Digital" en la Argentina. Del otro lado del Atlántico, Ignacio
Escolar es miembro de una banda cuyo primer álbum vendió más de 10.000
copias. Aunque esta cifra lo coloca en el 0,7% de los músicos más
exitosos de su país, Ignacio estima su ganancia en concepto de derechos
de autor, luego de tres años, en 2.800 dólares. Su caso plantea
preguntas importantes: ¿a cuántas personas más hubiera llegado con su
música si, en vez de venderla por dinero que se llevó la discográfica,
la hubiera regalado? ¿hubieran estado más llenos sus conciertos en vivo,
que son los que le dan de comer? ¿qué pasa con la música de más del 99%
de los músicos de su país, que no llegan a ganar ni siquiera lo que él a
través de derechos de autor? Un poco más al norte, la banda inglesa
Radiohead decidió publicar su álbum "In Rainbows" en Internet, a cambio
de una donación voluntaria. Si bien se rumorea que la donación promedio
fue mucho menos que el precio de un CD, y que muchos no pagaron nada,
todo indica que el grupo ganó con este álbum mucho más dinero que con
cualquiera de los anteriores.
Por cierto, está bastante bien documentado por investigadores
independientes que el intercambio de archivos no sólo no perjudica la
cultura, sino que crea riqueza , tal como lo expuso un informe encargado
por el gobierno de Holanda y publicado en enero de este año.
*Marche preso por querer usar lo que es suyo*
Muchos ciudadanos de EEUU suman años de cárcel a una potencial condena
cada vez que compran un DVD en Hong Kong o en Europa. Los DVDs son
originales, y tanto las computadoras como los reproductores de DVD
cuestan dólares bien concretos. El problema es que los DVDs son "región
3", o "región 2", mientras que tanto las computadoras como los
reproductores que se venden en EEUU son "región 1". En otras palabras,
son deliberadamente incompatibles. Por cierto, el cifrado regional de
los DVDs ya fue quebrado hace años, de modo que hay programas que
resuelven esta incompatibilidad, y mucha gente los usa, pero eso no
quita que la ley de los Estados Unidos impone, a través de la Digital
Millenium Copyright Act (DMCA), una sanción penal a la distribución y
uso de tales programas.
A esta altura, usted estará pensando que la existencia de leyes de este
tipo es ridícula y que de existir, seguramente no se aplican. El
problema de leyes injustas que penalizan a toda la población sin
distinción, es justamente ese: cuando se quieren aplicar, se aplican a
discreción. Tal es el caso del Profesor Ed Felten, de la Universidad de
Princeton, quien recibió una intimación por violación de la ley de
Copyright cuando intentaba realizar una auditoría independiente sobre
las urnas electrónicas usadas en las primarias de ese estado en febrero
de 2008.
*Patentando el sol y las estrellas*
Marilynne Eichinger, presidente del Museo de Ciencia e Industria de
Oregon, pensó que sería útil ofrecer los juguetes didácticos del museo a
través de Internet. La idea había sido bien recibida por el público
cuando llegó una carta de SBC Intellectual Property, exigiéndole pago de
regalías por el uso de dos de sus patentes. Estas patentes cubrían
cierta manera de estructurar sitios web, que consiste en poner una serie
de botones en la parte superior de la página, cada uno de los cuales
lleva a una parte distinta del sitio (si la descripción suena
complicada, el lector puede observar la parte superior de esta misma
página web para entender de lo que hablamos). Por increíble que parezca,
esta patente le otorga a SBC el monopolio sobre la operación de sitios
estructurados de esa manera en EEUU. Marilynne pudo evitar este chantaje
cambiando ligeramente el diseño del sitio, pero en un país en el que
está patentado "vender por Internet", es sólo cuestión de tiempo hasta
que aparezca el próximo.
*¿De qué sirve el progreso si no podemos usarlo?*
Estas historias son apenas vistazos parciales de una reyerta planetaria
en la que muchos de los mismos músicos que no quieren que se copie su
música por Internet no pueden resistir la tentación de bajar la de
otros, las editoriales y discográficas utilizan el derecho de autor en
contra de los mismos autores y demandan judicialmente a sus propios
clientes, los campesinos son obligados a destruir sus cosechas por criar
plantas sin permiso, los Estados intentan frenar el abuso de un poder
monopólico que ellos mismos garantizan, las oficinas de patentes
descubren que otorgar patentes a cualquier cosa es una manera sencilla
de ganar dinero, los juzgados están atiborrados de juicios por violación
de patentes en áreas de la tecnología que no alcanzan a comprender, y
hay personas que disputan (¡y pierden!) los derechos sobre células
extraídas de su propio cuerpo ante corporaciones que las patentaron.
Todo esto en virtud del pensamiento mercantilista, que afirma que sin el
monopolio como incentivo nadie crearía nada, mientras que artistas e
inventores sacuden la cabeza pensando "eso es algo que sólo puede pensar
alguien que nunca creó nada".
La "propiedad intelectual" es un collage de regímenes legales muy
disímiles, de modo que es difícil decir algo de ella que sea cierto para
todos ellos. Sin embargo, hay una sentencia que cumple con el requisito:
los regímenes de "propiedad intelectual" se han salido de madre, al
punto que en ocasiones conspiran contra el florecimiento de la
creatividad y el bien común que supuestamente deben fomentar. Hoy, en su
día, invitamos a la sociedad a pensar si estos monopolios sobre el
conocimiento que nos hemos dado cumplen realmente con su fin social, o
si llegó la hora de barajar y dar de nuevo.
- Inicie sesión o regístrese para enviar comentarios
